Nunca habíamos temblado así

Acicalar el dolor, peinarle y darle ostras. El dolor es cómplice de su propia autodestrucción pero tengo tendencia a cogerle cariño a mis enemigos sobre todo cuando van disfrazados y traen globos y algodón de azúcar y jamás me visitan en la siesta.   ¿A […]

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