La loba

“¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!”

El lobo a San Francisco. Rubén Darío, “Los motivos del lobo”

 

LALOBA

Ante la caza del hombre,
marca con tu aullido las huellas en la nieve.
Luperca, reducida a un par de senos,
Ayúdame a escupirles en la cara.

Sale de su madriguera a explorar la loba roja,
huye también de los osos negros y de los coyotes
no teme a una manada que a veces es montaña de amenazas,
sus patas indomables dibujan un pentagrama en mi garganta.

Un único mordisco es suficiente para librar un duelo,
reflejo tu caricia de muelle desde mi limitada humana
y envidio tu pelaje, guarida de secretos, ofrenda salvaje.

La loba danza ante mí y me corteja,
su risa es contagiosa y los alces reproducen su cascada
restriega su cuerpo y me ofrece boca arriba su grito
desgranado y enfermo del fuego verde de las esmeraldas.

La loba se aparece frente a mí igual que un muro
me obliga a reconocerla como casa propia
dejo que me agarre de la nuca cual cachorro
y me lleve a la cueva del susurro donde las paredes se abren
a la fotosíntesis del amor sin tregua, libre de espejismos
sollozante de carne loca entre las manos, inútil
nunca viejo.

Quiero que tus garras de helicóptero, hermana loba
me traigan las noticias de la niña de los árboles,
de la que comía insectos y buscaba las raíces en la arena,
la que creía en las aguas movedizas y en la tierra firme
a pesar de saberse en una isla tartamuda.

Quiero que tu lengua animal me reconozca semejante
y correr cerca de ti y tus colmillos,
que tu aliento pertenezca al caudal de mi ríos
y los desborde,
no tenemos presas que frenen las amapolas amarillentas de las olas,
no somos presas que atesorar en ninguna alcoba,
y sin embargo a ti te he visto hermana loba,
decorar salones para asustar las furias infantiles
y a mí no pronunciar nunca mi pronombre si no era con vergüenza y la azucena como escudo,
voz de mármol blanco que teme y no maúlla,
voz de licor que se mece y se escabulle tras cualquier cortina
nunca ópera,
jamás orquesta,
voz de presa,
y hoy no,
hermana loba,
hoy no.

Hoy estamos de pie sintiendo el paso del que ama
cuando ya nada es parte de la piel,
las canciones que tentaban al suicidio de inocentes
jamás las escuchamos, no éramos sirenas
y ahora somos dos hembras en un recipiente,
cicatrizando heridas con la savia de las estrellas
una hidra insurgente
con sus siete cabezas amasando laberintos
y nacida de sí misma
como dos gaviotas que no temen nunca
el desafío que implica volar
mientras otros salen a pescar las bocas
con el cebo de la muerte dulce.

Y desde el mapa de las nubes
terremotea nuestra libertad
haciéndose tormenta y destrucción tardía
de la injusticia.

Vamos a follarnos a la luna hermana loba,
vamos a marcarla a dentelladas
como si fuéramos una nave americana
en manos del pueblo que pasa hambre
y realmente necesita banderas que tejer
y picas que clavar,
vamos a inaugurar de nuevo este planeta triangular
que se cree redondo y antes atado y plano
quiero oír tu aullido
quiero sentir una lavadora de aullidos en mis entrañas
quiero que tu aullido me descalze como un tornado
quiero que tu aullido nos revele la impaciencia
reaullemos, reintentemos, reconozcámonos,
os beso a todas
a todas, amo

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