La revolución del silencio

 

No tenía nuestro deseo selfies en lavabos,
ni desollamos calendarios en público.
Me postré en la cama como un cisne blanco,
en húmedo aleteo a punto de nadar
y entre mis piernas te hice el mejor laberinto.

Para que tú te pierdas necesito,
quemar la casa, las alas heridas, la inocencia,
que aunque no te quiero como presa, te quiero mío.
Tan mío como el aire que comparto con asesinos,
tan mío a mi pesar y tan dentro
que me llenes el vacío.

Ahora lo sé,
no estoy hecha para pertenecer
y me parece mentira que tengas huesos y arterias
bajo la piel que araño,
no puede ser.

Ahora lo sé,
estoy hecha para aullar y correr por el bosque
descalzarme en tu boca, desatarte la lengua
celebrar el Hanami derramando cerezas
derrochando la lluvia,
arrastrando certezas.

Para que tú me pierdas necesito
no dejar migas de pan de vuelta a nadie
coronar todos los barcos con tu canto,
podré ser quizá una sirena en tu mascarón,
podemos hundirnos suavemente y despacio
o al contrario estallar con un gran iceberg
y hacer otra vez el colchón pedazos.

Shiva y Sakti sin nudos
extasiando a la luz,
tocando a la vez múltiples campanas,
llamando a rezar a todos los banqueros
mientras tanto me enrosco a tu anhelo de plata.
Acuchíllame lento amor,
pero derrótame de una estocada.
Sobre el cielo del espejo
reflejaré mis ganas.

 

 

 

1 Comment

  1. Manuel.

    23 Febrero, 2017 at 1:12 pm

    Felicidades. Me encanta este poema.

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