Lux in tenebris. La historia de Jorge

Conocí a Jorge de casualidad. En realidad se llama Jordi, pero prefiere que le llamemos Jorge. Desde el principio su nombre me encantó, muy ligado a los libros y a los dragones, la verdad es que de estos últimos conoce bastante ya que se ha tenido que enfrentar a unos cuantos.

Estaba haciendo fotos con la cámara, cuando me encontré con Jorge pidiendo en mitad de la calle Fuencarral y le pregunté si le podía hacer una foto. Nos pusimos a charlar y miré mi cámara como si fuera un arma con la que combatir su desgracia, y le dije, no tengo mucho dinero y no puedo darte trabajo, pero tengo esto.

– Si quieres podemos contar tu historia y subir el vídeo a todas partes y si alguien lo ve, alguien que realmente pueda ayudarte, y además puedes denunciar tu situación y contar una verdad que la mayor parte de la gente desconoce.

– Mira que me vas a hacer famoso y ya me veo en el Sálvame Deluxe, me dijo con una emoción que no había necesidad de disimular. No os podéis imaginar lo ilusionado que estaba con este vídeo, para muchos de nosotrxs hacer un vídeo no es nada, para él significaba mucho. Una oportunidad por leve que sea.

Ese optimismo a pesar de estar en la calle, esa alegría, esa mirada franca me conquistaron enseguida y quedamos días más tarde para hacer una entrevista en una cafetería ya que en la calle no era el sitio más cómodo para abrirnos en canal y hacernos confidencias. Pero debido a que esta entrevista no la hacía Antena 3 no teníamos medios muy buenos y tuvimos que quedar días más tarde otra vez para repetirla. Sigue habiendo mucho ruido de fondo pero no tanto como en la primera.

Éramos tres amigos frente a alguien que no conocíamos de nada que nos contaba su historia sin metáforas ni florituras. Claudio tomaba notas mientras yo hacía las preguntas. -¿Este qué es psicólogo? Bromeaba Jorge.

Todas estas citas han hecho que Jorge no sea un extraño al que la mala suerte le ha tocado fuerte, han hecho que sienta un profundo cariño por él y que me sienta fatal sobre todo en los días de lluvia mientras yo duermo caliente en mi piso compartido en el que la decisión de acogerle no es solo mía.

Las luces de navidad ya están puestas en la calle y personas de todas partes de España vienen a Madrid a ver las luces y Cortilandia como si se les fuera la vida en ello. Ni siquiera sabía lo que era eso de Cortilandia hasta que me puse un vídeo hace unos días en Youtube. Me imaginaba algo más sofisticado, un circuito dentro del Corte Inglés con duendes y elfos, un mundo creado por una especie de Tolkien navideño para los niños. Lo que menos esperaba es que miles de personas se olvidaran del mundo ante una fachada absurda creyendo que a los pequeños les hace bien, les gusta, sí.

Casi nadie se para a pensar lo que puede hacerse con el dinero que cuesta esa estupidez, lo que es la navidad de verdad, lo difícil que es dormir al raso con un saco de dormir en pleno diciembre cuando además tienes una maldita luz encima de tu cabeza encendida toda la noche, pero tú no, tú no puedes ser luz y a ti no vienen a visitarte en manada, porque ya no eres un ser humano que canta y baila como un muñeco sino que estás solo. Solo y despojado de tu identidad, como una estatua más que decora la calle de las compras, la calle que baja al McDonald´s y al Primark en el que nuestros pobres políticos si pudieran harían alunizajes con sus cochambrosos vehículos. Pobres.

Y no, no nos da vergüenza, y nos sigue sin dar vergüenza y jamás nos dará vergüenza de verdad la situación tan extrema que estamos viviendo en nuestro país. Preferimos seguir a través del espejo, rodeándonos de una incierta sensación de seguridad. No estamos a salvo y nunca lo estaremos porque vivimos en un sistema que no garantiza que todos lo estemos y que cada vez se parece más a jugar a la lotería con las colas que se forman en el paro o en Doña Manolita y dónde te encuentras al mismo tipo que te encontraste en el paro pero ahora no, ahora va a tener suerte, porque no estamos hechos para tener sueños pequeños, porque ¿Y si toca aquí?

A Jorge no le tiembla la voz por no sentarse al calor de una chimenea y un árbol decorado como un folleto del Ikea. Se llama Jorge. No sé si alguna vez te has parado a preguntárselo, te has parado a darte cuenta que esto cada vez más se parece al juego de la ruleta rusa, que todo lo que tienes es mentira salvo tu alma y esa nadie te la va a traer envuelta.

Mientras tanto seguiremos creyendo que la navidad es esto. Y seguiremos engrosando las filas de borregos. Casi que a veces tengo la sensación de que Jorge se salva. Se salva de los selfies, de poner y quitar estrellas, de creerse que es más que alguien por haber podido ir a la Universidad, de “Qué puto vago”, “Ponte a trabajar” y esas frases que lo único que hacen es justificar nuestra carencia de humanidad. Somos robots follando continuamente con máquinas a otros robots.

A veces cuando despierto me da todo tanta vergüenza que deseo no seguir luchando por un mundo que no hace más que asquearme y entonces me acuerdo de Jorge y de las pocas personas reales que conozco y pienso qué derecho tengo a quejarme y menos mal que hoy voy a hacer algo útil con el inútil Facebook que no sea verme la cara y mi maldito nombre en carteles de recitales en los que mi voz se evapora como si fuera algo importante como un perfume efímero pero oye, muy bonito. Y qué supermegaguay. Así por lo menos hoy no se me caerá esa misma cara de vergüenza por no estar haciendo nada mientras comparto muchas cosas. ¿Comparto cosas? ¿Seguro? Esta es realmente la diferencia entre hacer poesía, transcender y recitarla.

Dice Jorge que la gente le da un euro y se cree que ya ha hecho la buena acción del día, como si las buenas acciones fueran una rutina recetada por el médico del postureo. El dinero se gasta dice Jorge, y más si te pasas el día en la calle y tienes que comer o buscar refugio por unas horas. “Yo lo que quiero es que me traten como un ser humano, que me hablen”

De la misma manera tratamos a nuestros niños y seres queridos en estas fechas, les damos cosas que valen nuestros sueldos y creemos que ya está todo hecho y no hay nada, nada que sea más real que un abrazo (no es una mierda cursi religiosa moralista) es la realidad, la realidad que están haciendo que se nos olvide y me temo que mientras nos siga pareciendo muy gracioso que la imagen de Pablo Escobar nos felicite la navidad y que creamos que ya damos parte de lo que ganamos para que alguien quite a estos antiestéticos sin techo de la calle, esos que no permitimos salir en un gran cartel ni en ningún medio porque son unos grandes delincuentes, drogatas y borrachos pero nuestro amado Pablo Escobar es nuestro nuevo héroe. Mientras al ministro de exteriores le parezca y crea que emigramos por deseo de aventuras y nadie le diga en la cara que sí es una tragedia separarte de tu familia y amigos por mucho que a veces la vida nos lleve por donde sea. Mientras no reaccionemos, estamos perdidos.

Podemos explotar la burbuja o esperar a que nos ahogue silenciosamente mientras estamos demasiado adormecidos para pasar a la acción y poner en la bandeja de turrones lo que realmente importa. Soy más tonta que vosotros la mayor parte de las veces, no os creáis que este discurso tranquilo desde mi cómodo hogar me deja fuera de la responsabilidad de no estar dedicándome al cien por cien a hacer este mundo un lugar decente en el que no escandalicen los pezones pero sí las muertes y el hambre.

Feliz Navidad. Nos quiero. Aunque somos idiotas.

PD: No hemos hecho un vídeo amarillista para que llores o te enternezcas como si Jorge fuera un dulce gatito pero si no puedes hacer otra cosa que chatear, chatea con Jorge que todo mensaje de apoyo será bienvenido y le encantará leeros. Escribe y ayuda a Jorge en jordiluxintenebris@gmail.com

 

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