¡Ay el instituto!

He estado pensando mucho estos días en cuándo empecé a nombrarme como feminista y en lo difícil que era ser feminista cuando eras adolescente. No quiero decir que ahora no lo sea ni mucho menos porque lo es. Pero por aquél entonces todo era mucho más complicado y al recordar ciertos sucesos de mi adolescencia he caído en la importancia del feminismo para los adolescentes.

Ahora a mis 25 años si decido no depilarme las axilas, puede que haya algunas personas que hagan comentarios despectivos acerca de mi vello pero casi siempre lo harán a mis espaldas, sobre todo si me conocen. Incluso si decido ir a la oficina o al supermercado con mis axilas cubiertas de pelo no pasará nada, alguna mirada extraña y ni eso, lo máximo que harán es pensar que me he vuelto loca los más clasistas por llamarlo de alguna manera.

Pero ¡Ay el instituto!

Valiente eras si se te ocurría ir con tus cuatro pelos que empezaban a asomar de tus axilas o tus piernas a clase. Valiente porque te exponías a un maremoto de insultos y motes como El Yeti, La Osa, etc. Por tus cuatro pelitos “mal puestos” por la naturaleza podías ser vapuleada de inmediato.

Las primeras en advertirte eran las otras niñas. Tienes un pelo, tienes una mancha. Como las guardianas de un muro que solo alojaba a los muchachos. Esos seres que podían hablar tranquilamente de sexo, tirarse pedos y eructos en mitad de la clase y comentar los cuerpos de las compañeras en Educación Física. Ellos eran los líderes, y tenían sus guardianas ejecutoras. No las culpo. No las juzgo.

Como dice Caitlin Moran en “Cómo ser mujer”, una chica no debe de gastar el poco dinero que tiene en la adolescencia en cuchillas y productos de depilación, sino en libros y tintes chillones para el pelo.

Tanto si te depilas o no, puedes ser igualmente feminista. El caso es que lo hagas porque tú quieres no porque te avergüences de ti misma por ser persona con estrías, pelitos, un pecho más grande que el otro, etc.

Lo mismo sucede con la menstruación. Ahora si alguna de nosotras sufre un imprevisto y tiene la regla en el trabajo y se mancha, quizá con un poco de vergüenza vaya a cambiarse pero nada más. No pasa o no debería de pasar nada. Se afronta como un hecho natural.

Pero ¡Ay el instituto!

Si tenías la mala suerte de ser de las niñas a las que había sorprendido la visita en mitad de clase y manchabas tu silla de rojo, daba igual lo que hicieras que ya desde ese momento tu apodo iba a estar relacionado con ese suceso. Me acuerdo perfectamente de compañeras a las que pusieron motes horribles “los muchachos”. El pecado era que les había venido la regla.

Lo pensaba la otra noche y me llenaba de rabia. Como si de la época medieval se tratase desde muy pequeña vi a mujeres señaladas por el hecho de ser mujeres. Y ninguna alzamos la voz y dijimos ¿Qué pasa? ¿Y qué? Es algo normal.

Ninguno de los profesores paró ese bullyng o nos dio una charla sobre igualdad en Ética y mucho menos en clase de religión. Sí se hablaba de que todos los seres humanos somos iguales a los ojos de Dios, pero no se profundizaba ni en la problemática de los negros, los gitanos, las mujeres. Menos mal que también descubrí el catarismo por mi cuenta. El sufragio femenino en España y en el mundo se mencionaba de pasada en los libros de historia, por no hablar de las mujeres que lucharon por la igualdad que a esas ni se las mencionaba.

A lo mejor vosotrxs tuvisteis más suerte. No lo sé.

Descubrí el feminismo por Safo y mi interés temprano por la poesía. Es desolador ese momento en el que te das cuenta de que algo no marcha bien. De que estás en el bando equivocado. De que antes que tú tus hermanas sufrieron lo que no está escrito y que gracias a ellas disfrutas tus pequeñitos privilegios de persona normal. Y lo que queda por hacer.

El primer libro que despertó en mi esa necesidad de justicia que llevo en los genes y que es la que me une al feminismo con más fuerza, fue “Las olvidadas” de Ángeles Caso. Esta mujer se convirtió en una de mis escritoras favoritas por contarme la vida y la historia de mujeres como Hildegarda de Bingen, Cristina de Pisan, María de Zayas y Aphra Behn. “Las olvidadas” es una historia de mujeres creadoras que sufrieron mucho por querer escribir, pintar, estudiar. Fueron violadas, humilladas, y maltratadas.

Las palabras de Safo terminaban el libro dejándome completamente en shock: “Os aseguro que alguien se acordará de nosotras en el futuro”

Ya os podéis imaginar lo que es para una niña tan sensible como yo lo era y que quería crear, darse cuenta de que no encajas. De que porque eres mujer lo vas a tener mas difícil. “Ten cuidado que no te engañen” “Esa falda es muy corta” ” Ojo las niñas que tontas se ponen en la edad del pavo” “Prefiero un niño que una niña porque las niñas…ya se sabe uno tiene que estar más pendiente”

Jamás escuché decirle a un niño que tuviera cuidado ( a no ser que fuera para que usara precaución) o que respetara a las niñas independientemente de su forma de vestir. Ya que su forma de vestir no era una puerta abierta a la agresión. Nosotras éramos el peligro y el mundo era peligroso para nosotras. Y así nos fuimos haciendo más pequeñas y cobardes.

Luego llegamos a la edad en la que podemos decir, ahora sí, ahora hago con mi cuerpo lo que me da la gana, pero el daño ya está hecho. Y vienen las dietas (que estuvieron siempre) y las relaciones tóxicas en las que todas hemos aprendido que aquello que nos contaron era una gran mentira.

Doy las gracias al feminismo y a las feministas que estuvieron antes que nosotras por todo lo que tengo hoy en día. Ahora está muy de moda decir que algo o alguien te salvó. Bien. El feminismo me salvó. Me dio la fuerza suficiente para decir que a pesar de mi voz y mi aspecto soy fuerte, es lo más importante en mi. Y soy agresiva, y peleo si es necesario.

Todo el revuelo generado últimamente por la portada del libro de Luna Miguel, es parte de todo esto sobre lo que hoy escribo y perdonad el “rollo”. Los hombres desde muy jovencitos han hablado sin tapujos sobre masturbación masculina. Yo les escuchaba en clase decir con quién sí o con quién no se hacían sus cositas. A las chicas ni se nos ocurría. A no ser que quisiéramos que nos llamaran guarra por hacer lo que hacían los hombres. ¿Nosotras? ¡Nosotras no teníamos derecho!

Ahora se dice mucho ¿Qué necesidad hay de hacer esa portada? o “Si un tío hace una portada así lo ponéis verde las feministas”.

Bien, la cuestión es que Luna Miguel necesitaba reinvindicar la masturbación femenina como un hecho natural. Necesitaba acabar con siglos de hipocresía y represión femenina por esa rabia contenida que nos da desde muy pequeñas haber sido enconsertadas y conducidas como ovejitas a las lindes del heteropatriarcado. Pero está visto que si hay polémica es porque este hecho aún no esta considerado cotidiano. Cuando se empiece a considerar habitual que una mujer se masturbe y se le de su debida importancia, será absurdo resaltarlo.

Debe ser que las mujeres somos frágiles princesitas que no defecamos y no nos masturbamos jamás. Y si tenemos pelos qué asco. ¿Qué asco para quién? Creo que le hemos permitido durante demasiado tiempo a determinado tipo de hombre que gobierne nuestras vidas.

Así que mujeres y hombres del mundo, ayudemos a que nuestras pequeñas se definan diosas. Con todas las diosas que hay en cada mujer que diría Jean Shinoda Bolen. Espero que las nuevas generaciones de niñas tengan menos quistes y espinas clavadas.

No permitamos que nuestras niñas tengan miedo a crecer, miedo a que las sexualicen, miedo a llegar a casa tarde, que detesten el nacimiento de los senos, que tengan pánico a la regla, que guarden su virginidad como un tesoro que total siempre irá a parar a alguien que no merezca ningún regalo. Porque nuestro cuerpo no es el regalo de nadie. Es el nuestro.

Gracias Emmeline, gracias Sojourner, gracias Simone. Gracias a las muchachas que no tuvieron miedo a ser diferentes, aunque sus nombres no sean conocidos por la historia feminista.
A todas vosotras por hacerme poderosa y feliz, muchas gracias.

Es nuestra hora. El momento es ahora. Sororidad.

 

1 Comment

  1. Eloy Boán

    26 mayo, 2016 at 1:00 am

    Admiro tu claridad de ideas y tu determinación. Te deseo lo mejor. Un fuerte abrazo.

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