Nos gusta el cine

La imagen, desde que el hombre retrataba su alrededor naciente en las cavernas, hasta cuando empezó a tallar a sus dioses a su imagen y semejanza, ha ejercido en el ser humano un poder asombroso de fascinación. La imagen tiene la fuerza del mito a su favor.

La obsesión por el espejo, por ir a través del espejo como bien reflejó Lewis Carroll, ha sido una constante en el pensamiento humano. El hecho de que los pensamientos, los sentimientos se materialicen nos vuelve locos. Por eso nos hacemos poetas, nos hacemos pintores, esculpimos…y cuando somos un poco de todos aquellos, nos hacemos cineastas. Sin embargo, no nos dejamos de parecer a aquel hombre que creyendo que realizaba algo sagrado con su arte, destripaba un animal, para pintar con su sangre su alma.

¿Había visto el ser humano imágenes de un tamaño tan enorme antes? En la Grecia, Persia y el Egipto antiguos habían existido esculturas de tamaño colosal, así como en el arte religioso de la Italia renacentista, pero lo cierto es que hasta la llegada del primer plano las imágenes anormalmente grandes no se veían con frecuencia.

Uno de los motivos por los que el cine nos ha cautivado, reside en nuestra condición de limitación humana. Reside en la pequeñez de nuestra expresión, y en la grandeza del espíritu. En lo que hay de magia, o de divino en nuestro ser, está nuestra capacidad de creadores. Por eso hacemos cine, por eso desde tiempos inmemoriales inventamos historias y por eso, necesitamos historias para vivir, para configurar los pasos de la nuestra. Como decía Jean Cocteau: “Nada exige más verdad, que la ficción”.

El cine ha “engañado” al espectador, haciéndole creer que es más sencillo su trabajo, ante una pantalla, que ante un libro. Lo cual, ha supuesto para muchos gran parte de su atractivo. Si bien, es cierto que el papel del espectador de cine, es más pasivo que el de un lector, no es pasivo del todo. La reflexión que hace mella en el ser humano después de una serie de fotogramas, es la misma que la de los hombres y mujeres del Gótico, que aún no sabiendo leer eran casi poseídos en aquellas majestuosas catedrales. Quedan conmovidos, maravillados ante su gracia. Comprenden su significado, de tal manera que la imagen es lenguaje universal, de la misma manera que lo es la música.

La hipnosis cinematográfica se debe a la oscuridad de la sala, el juego de luces, el cambio de planos y los movimientos de cámara. Llegando a ser comparada por Buñuel esta hipnosis a la altura de un “acto de violación al espectador”.

Otro de los motivos por los que el cine, ha tenido éxito, es por la posibilidad que tiene de mostrarle a la gente cosas que no conocen y saciar su curiosidad. El cine se ha convertido para bien, o para mal en “libro de historia”, en enciclopedia de consulta, tomada a menudo con la misma veracidad que la impresa. Cuánto de lo qué sabemos de las guerras, de las epidemias, o de los hombres y mujeres en lugares o situaciones remotas a las nuestras, nos viene dado por esa cámara oscura que concibe Aristóteles (entre otros) y que los hermanos Lumiére nos regalan al mundo en forma de proyector cinematográfico.

Por no hablar de sus actores, esos seres de carne y hueso, a los que llegamos a venerar como dioses, sólo porque saben transfigurarse. ¿Admiramos tal capacidad de empatía, capaz de mostrar el sentimiento ajeno en la propia piel?, o ¿son tan solo marionetas en las hábiles manos de un gran director?. Las posturas son diversas, idealizamos a los unos y a los otros. Hemos sido nosotros, los que hemos creado el star-system, el paseo de la fama, los niños prodigio y los “juguetes rotos”. Hemos sido nosotros, los que hemos dado alas a este mundo, porque hemos creído en él desde el principio.

Cuando vemos una película, se nos ofrece la posibilidad de vivir otra vida. De olvidarnos de la nuestra. Ese es el efecto purificador del arte, el que nos empuja de nuestra existencia y nos eleva por encima de nuestro cuerpo. Porque es innegable que es el séptimo arte, y además de ello, es un arte menos elitista. No por ello, menos complicado.

Creo que parte del aprecio del cine  es debido a esos creadores que han sabido sintetizar el drama humano, y depurarlo de los artificios y otras sensibilidades y conocimientos que son propias de otras artes. Heredero de la Literatura, ha sabido mostrar al público clásicos, a los que muchos no se hubieran acercado sin la cámara como mirada.

A mi juicio, es imposible lograr el reflejo de la riqueza de sensaciones, y reflexiones de la obra de Shakespeare, en una hora y media o similares. Pero creo que se debe reconocer que la labor cultural del cine ha sido inmensa en ese sentido. No creo que haya “apartado” a las personas del camino de leer la obra, sino que se la ha ofrecido a quienes de todos modos no iban a leérsela. Soy de la opinión de que si realmente están interesados en conocer la versión original de la Ilíada no cometerán el error de creerse a pies juntillas que la obra de Homero es “Troya” de Wolfgang Petersen.

No por ello están exentos de culpabilidad para mí, los diversos atentados a las grandes obras literarias o a la Historia, ejercidos por la mano de guionistas de todo tipo. Sin embargo, su labor de entretenimiento, responsable de una cultura de masas, no puede cargar con el peso de “instruir” a un público, sediento en mayor medida de emociones que de conocimientos. Digamos que el cine es un cúmulo de historias, como lo son nuestras vidas, con sus posos de verdad y de mentira, y que en nuestra inteligencia está la labor de absorber lo mejor de todas ellas. No vamos al cine a conocer la verdad, ya que el realismo es tan sólo una corriente más, como lo es en el resto de las artes. Vamos al cine, a conocer el artista. Decía Jerry Lewis : “ Lo peor es que si el pobre tipo que vive en un pisito de dos habitaciones sin calefacción, decide irse al cine para olvidar sus penas, hoy en día, se encuentra con una película sobre un pobre tipo que vive en un pisito de dos habitaciones sin calefacción”.

Debemos recordar siempre, que el cine es una forma distinta de expresión, y que plasma de manera diferente las situaciones. Eric Rohmer llegó a decir “Es tan tonto que un cineasta quiera hacer Moby Dick o Los hermanos Karamazov, como que un escultor labre una Gioconda en mármol”. Hay que escribir con la cámara.

En la opinión de Tarkovski el éxito del cine está en que el espectador, rellena las lagunas de su propia experiencia, como si fuera “En busca del tiempo perdido”. En la mía, creo que buscamos desesperadamente la inmortalidad. Nos asusta lo efímero de las cosas, la cámara es una red que las caza, que las encierra, que las preserva para que las vean nuestros descendientes. Por eso hacemos fotos, para capturar el momento. Hacemos cine para capturar la vida. Las millones y millones de vidas posibles. En resumen, podíamos decir qué el éxito del cine, es la consecuencia del éxito del arte. Necesitamos el arte, para soportar y entender nuestra existencia, a modo de una especie de filosofía estética. El ser humano define y percibe su identidad con el cine.

Dicho así, parece que vinculo el éxito del cine a que sea una especie de panacea universal contra todos los dolores. No creo, que lo sea tal cual, aunque tengo una visión bastante positivista del arte. Debo decir, que otra de las causas de que este medio de comunicación sea lo que es hoy, es que no deja de ser un oficio. El director de cine, y todos los que trabajan con él, son artesanos de la realidad a representar. Muchas veces el cine, constituye un placer, otras es simplemente una profesión más, hasta mecánica y vacía de todas aquellas cualidades místicas que antes le he atribuido. Es posible que el cine, sea un producto por encargo, ya que no deja de ser una Industria, un negocio, una fábrica de sueños dirán algunos. Por lo tanto, gran parte de su impulso está ligado a su explotación laboral y económica.

Y por supuesto, gran parte de su éxito viene dado por nuestra condición hedonista y ociosa de la vida. Nos gusta estar entretenidos, puede que ese entretenimiento esconda una sed de respuestas ante dilemas profundos, pero también puede que simplemente sea una forma más de suplir la vieja necesidad de “Panem et circenses”.

“Si unas personas ven una película mía y luego se sientan en un café a hablar de ella durante quince minutos, me parece una recompensa magnífica. Me basta” Billy Wilder.

Somos muchas las personas que en continuidad, o en ocasiones, hemos odiado la realidad. Por eso creamos la fantasía, la vida idealizada, por eso triunfan los finales felices y las historias a veces estereotipadas y llenas de clichés. En contraposición a lo desagradable de la realidad. La imaginación, cito de nuevo a un gran autor (Buñuel), sigue siendo el único terreno en el que el hombre es libre. Es nuestro primer privilegio.

El poder del cine como “mass media” hace que pueda focalizar la atención de las masas, en problemas olvidados y sacarlos a la palestra o bien, desviar su atención hacia temas triviales. No creo que se deba de tomar el arte como un pasatiempo bucólico, de gente a la que le gusta hacer cosas bellas. El arte es humano, y por lo tanto es también grotesco, feo, manipulado y con un fin. Existe el arte por el arte, pero no debemos de sentarnos inocentemente ante la gran pantalla, como quién observa una puesta de sol. Ese poder fue captado por los hombres que vieron nacer el cine, y sus derivaciones psicológicas junto a su capacidad de persuasión, entre otras cosas, fueron vistas como grandes potenciales, para que el cine sobreviviera y se convirtiera en todo el engranaje cultural que hoy conforma.

“No soy un artista, soy un viejo duro de cocer sin ambición. Uno hace su trabajo, la película en la que hay un verdadero interés personal es la excepción” John Ford. “Yo nunca escribí nada, sin que me pagasen por ello” Billy Wilder.

Para concluir creo que gran parte de la fascinación por el cine, está en el halo de misterio que lo rodea. Para muchas personas, sigue siendo un trabajo de magos como lo era Méliès, y su maquinaria: Un teatro de sombras chinescas de mecanismo incomprensible. Parte de esa fascinación, está motivada por el asombro. Por esa parte de nosotros, que piensa “Esto es increíble” o ¿Cómo han hecho esto?, de la misma manera que un niño se pregunta por qué un conejo sale de una chistera.

Me quedo con la frase de Tarkovski que dice “Aparte de la imagen artística, el hombre no ha inventado nada de manera desinteresada” y cierro con una reflexión de Roberto Rossellini: “Creo hallarme en condiciones de afirmar, que todas las actividades que hoy llamamos culturales, aumentan la alienación, es decir: La distancia que nos separa de nuestra esencia humana. Los medios de comunicación hacen cultura a su manera. Pero la sirven en dosis aplastantes, y su fin no es el de instruir, sino el de condicionar: El resultado es la semicultura”.

Como escritora, quise antes la palabra que la imagen. Siempre busqué representar con las palabras, las imágenes. Un día, mis palabras se volvieron humildes, flacas, reconocieron su torpeza para ser fieles totalmente al pensamiento abstracto. Entonces conocí el cine. Y pensé en lo que podía hacer con las dos cosas, y la cámara se asemejaba a una especie de artilugio de superhéroe. Un nuevo y poderoso ojo. Y si en algún momento me encontraba perdida, podía beber de la música y de la luz. Nunca entendí porque le llamaron séptimo arte, para mí es la conjugación suprema de todos. Tenía esa obsesión: Construir un lenguaje capaz de reflejar fielmente la expresión, lograr que se diga lo que quieres decir. Mostrar tu creación, tal y cómo ha sido fermentada en tu mente. Por eso, comencé a amar el cine, casi tanto como a la Literatura.

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