LA DESUBLIMACIÓN DEL ARTE

“La industria es una mierda, lo que es grande es el medio” Lauren Bacall

Mi rol en la sociedad, o la de cualquier artista o poeta, es intentar expresar lo que sentimos todos. No decir a la gente cómo sentirse. No como un predicador, no como un líder, sino como un reflejo de todos nosotros.

John Lennon.

 

 

El cine comenzó como una novedad fotográfica, durante mucho tiempo mudo y cubierto de sombras, para convertirse en un negocio de la era digital que mueve millones de dólares en todo el mundo.

El cine es una de las formas de arte más accesibles y populistas que existen, por lo que un aficionado inteligente, puede entender sin dificultad incluso las producciones más extrañas y desconocidas por el gran público.

Para mí el cine es arte y es industria. El verdadero arte está en combinar ambas cosas. Si bien es cierto, que tampoco podemos ni sobrestimar ni subestimar al público, y en muchos casos hay obras que son puro entretenimiento, y en otras verdadero arte que no mueve taquillas ni billetes. Que el cine es un arte para mí está claro, otra cosa es diferenciar el valor artístico de una obra dentro de este arte.

Como dice McKee en su obra “El Guión”, intentando echar por tierra los tópicos del mundo del cine, no toda obra de Hollywood es sólo cine comercial, y no todo cine independiente tiene gran valor artístico. Esto sucede en el resto de las artes. El arte es algo subjetivo, y realmente uno podría llegar a considerar arte a aquello que supliera sus necesidades, y esto dependería de cómo fueran éstas.

Hay una tendencia al hablar de arte de manera elitista. ¿Y si tuteáramos al arte? ¿Y si lo consideráramos una pieza fundamental en nuestra existencia, como comer o dormir? La historia ha demostrado que el nivel cultural (Miguel Hernández) nada tiene que ver para que uno sea artista o posea sensibilidad artística. Pero sí es cierto que nuestra conciencia del arte depende de nuestras circunstancias personales y temporales.

Podríamos hablar de la calidad del cine o de la música, pero su elevada comercialización no hace que estén exentas de fundamento artístico. Son artes, en mi humilde opinión.

En el mundo en el que vivimos… ¿Qué no es comercio, qué no es negocio? La industria puede ser arte, y el arte puede ser comercio. El cine no es nada más y nada menos, que una industria cultural. El término fue usado por primera vez por Theodor Adorno y Max Horkeheimer, filósofos de la Escuela de Frankfurt, en sus textos “La production industrielle de bien culturels”. Ambos plantean una profunda crítica acerca de la potencia de entes como la radio, el cine o la televisión.

A mi juicio, sigue siendo  innegable que es un arte, en cuanto a expresión, estética y autor. Lo que ha sucedido es una desublimación del arte,  que no es sino la otra cara de la degradación de la cultura, ya que en un mismo movimiento la industria cultural banaliza la vida cotidiana y positiviza el arte. La desublimación del arte surge en el momento en el cual el arte, se desprende de lo sagrado y se independiza de mano del mercado. El arte se libera, pero queda ligado al presupuesto de la economía mercantil. Y sólo asumiendo esa contradicción el arte ha podido resguardar su independencia. De manera que contra toda estética idealista hemos de aceptar que el arte logra su autonomía en un movimiento que lo separa del rito, lo hace mercancía y lo aleja un poco de la vida.

 

La mecanización…. nos americanizará.
El progreso nos atrofiará.

Baudelaire

 

Mi aprecio personal del cine y lo que busco de este medio es la innovación. Al centrarme en lo innovador, más que en lo puramente bello, popular o comercial, lo que intento es desnudar por completo el mundo del cine hasta llegar a su esencia. La innovación conduce al arte, y con lo que trato de alimentarme es con obras clave en el mundo del cine por su innovación.

Tomo por ejemplo la película de Steven Spielberg “Salvar al soldado Ryan”, que fue un gran éxito mundial y que fue visto por ochenta millones de personas en todo el mundo, sin contar el público que la vio por televisión, vídeo y DVD. Sin embargo, esta gran popularidad no significa que la película se desviase de las reglas convencionales, o que estuviera por encima de los compromisos comerciales. Si merece mi aprecio es por su sorprendente flashback inicial, en el que se muestra cómo debieron de sentirse los soldados al tomar tierra en la playa de Omaha, en uno de los días más importantes de la segunda guerra mundial. Este tipo de acontecimientos, ya se habían retratado en el cine, pero su impacto provenía de un cambio sustancial en el lenguaje cinematográfico. Se colocaron unos taladros en las cámaras para conseguir un efecto de vibración, y el stock se expuso de una forma totalmente nueva. El sonido de las balas era más vivido de lo que nunca se había logrado antes.

Steven Spielberg se sentaba en su casa, se tumbaba y se adentraba en el coche en el desierto haciéndose una y otra vez la misma pregunta ¿Cómo rodar aquello de una manera diferente?

Los mejores cineastas siempre se hacen esa pregunta, es una cuestión crucial para el avance del arte cinematográfico. Es esa voz propia, esa mirada propia, lo que hace que en las condiciones más comerciales del mundo, una obra te llene por completo. Es esa manera de transmitir e interpretar nuestro mundo, como nunca antes nadie lo había hecho, lo que yo considero arte.

Federico Fellini decía que otro hombre que no conocía era quien realizaba sus películas, y que aquel hombre se le aparecía en sueños. David Lynch afirma que las ideas surgen del éter. Todo esto demuestra que es de “ninguna parte”, del terreno virgen inexplorado de donde surgen las mejores ideas. Esto no significa que haya que “matar al padre”, pero sí romper moldes, crear una propia voz, sin perder de vista a los primeros creadores que la rompieron inaugurando un nuevo arte, una nueva forma de metaforizar el universo. Y materializarlo por siempre.

Billy Wilder, por ejemplo practicaba con ejercicios de escritura cada mañana imaginándose las diferentes formas en las que podía encontrarse una joven pareja. Spielberg, por su parte deseaba hacer las cosas de una manera diferente porque poseía una imaginación desbordante, porque el público tenía ganas de ver algo nuevo en una pantalla, porque estaba cansado de las normas tradicionales que regían la industria del cine, y quizá porque él era capaz de ver más allá de esas normas, de ver las enormes posibilidades técnicas del medio, y sentía grandes deseos de enseñar a los jóvenes espectadores lo valientes que fueron sus abuelos.

Cualquiera que sea el camino elegido para dar forma a las propias ideas, los directores de cine raramente lo siguen en solitario. Suelen ver los trabajos de otros cineastas, y aprenden a abordar sus escenas viendo lo que se ha hecho antes y acudiendo a sus colaboradores. Sin embargo el proceso es más complejo. El crítico estadounidense Harold Bloom escribió en 1973 el libro The Anxiety of Influence, sobre los sentimientos negativos que los artistas suelen tener acerca de sus predecesores. El filósofo alemán Hegel argumentaba que el arte es un tipo de lenguaje que consiste entre la obra artística y su público. Wofflin iba más allá al afirmar que el lenguaje del arte es el resultado de las ideas y la tecnología de su tiempo.

En años más recientes, el científico Richard Dawkins, en su famoso libro “The Selfish Gene” cambió nuevamente los términos del debate, comparando el arte, no con un lenguaje que se desarrolla a través de la influencia de unos artistas sobre otros, ni tampoco con un sistema moral, sino con la genética. Según Dawkins, del mismo modo que conocemos las unidades biológicas como genes, las unidades arte y la cultura serían memes, que se reproducirían y se desarrollarían de la misma forma que aquéllos. En ocasiones, los memes salen a la luz, como cuando alguien empieza a tararear una canción, o como el hecho de que un buen número de películas realizadas a mediados de los años noventa en los países occidentales parecieran versiones de Reservoir Dogs, o Pulp Fiction, de Quentin Tarantino.

Resulta de gran ayuda imaginar el cine evolucionando como una lengua o reproduciéndose como los genes, pues estas imágenes ilustran muy bien que el cine posee una gramática propia y sufre mutaciones. No obstante esto no es fácil de aplicar al séptimo arte, ya que por ejemplo la emoción por la técnica que se dio en la etapa anterior al nacimiento de la industria, ha vuelto a resurgir en los últimos años. Un modelo más adecuado para entender la naturaleza de la influencia del cine es el que se halla en el trabajo de E. H. Gombrich, quien en su introducción a The Story of Art escribió: “En realidad no hay nada parecido al arte, lo que hay son artistas”. Según la teoría de Gombrich, la influencia artística se basa en el principio “esquema más corrección”. Esto significa, que para que una forma artística se desarrolle los directores no pueden ser siempre esclavos de las imágenes originales. Éstas deben ajustarse a las posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías, los cambios en las modas, las ideas políticas, los aspectos emocionales.

Sí, es cierto que la tecnología ha sido un elemento clave en el cine, pero las cuestiones más profundas referentes a la puesta en escena, el punto de vista, el ritmo, el suspense, el tiempo o la psicología de los personajes, siguen teniendo un peso importante. Y éste es el motivo por el que el modelo esquema más variación funciona y por el que algunos de los expertos sugieren que podría aplicarse para considerar el avance y el concepto de arte en el cine.

El nuevo concepto de arte posibilita una actitud dinámica, en continuo movimiento, lo que puede originar dos posturas, la educación de un espíritu crítico en el espectador, pero por otro lado la búsqueda artística sin la comprensión del significado del arte. El concepto de arte está en lucha desde que sucedió la democratización del arte. Al intentar sacar el arte de su torre de marfil, y al intentar romper nuestro techo de cristal, es probable que una parte de nosotros se haya pasado de la raya y se haya vendido a lo kitsch, a la moda. No debemos de perder de vista, que todo esto, puede conducirnos también a la otra cara de la moneda, fruto del auge de los medios de comunicación de masas: La alienación del arte.

¿Es la industria cultural una unión imposible? ¿Es la cultura de masas la anticultura? Mi visión no se encuentra cómoda ni con los integrados, ni con los apocalípticos. Soy hija de mi tiempo y acepto que el retroceso es imposible. Del arte de nuestro tiempo puede surgir una nueva visión del artista y su obra, pero espero que esto nunca conduzca a una banalización de algo que convive con nosotros desde nuestro propio nacimiento, como seres humanos.

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