El viaje

 

Tiemblo pensando en las vertientes de los ríos,

temo los acantilados.

 

Entra luz gótica por esta cristalera.

El órgano reverbera con violencia sus últimas notas.

Los ángeles cantan

y el serafín se alza sobre la mujer perro

llena de harapos y recuerdos, la mujer cuervo

se tiende orgullosa sobre el cielo con los brazos en cruz.

Su piel de nieve escarcha al instante el carmín de las amapolas.

 

Hagamos el amor, susurra el ángel caído

venido del Edén a rescatar a la mendiga

que como Ulises ciega, ya le lanza esta flecha.

Atiende Telémaco, dispara al pretendiente.

 

Danzan todos los azules en el iris herido de la noche

y son dos cuevas enlazadas en un único pasadizo.

 

Nefilim a cuatro gatas huyendo de los demonios

devolviendo a su madre incrédula el mapa de la vía láctea

en un diluvio de Orión los rayos de los gigantes guerreros

alumbrando el camino de la hija del hombre.

 

Hacia donde Caín no le arañe la espalda,

hacia donde el dolor no sea una promesa.

 

Seis brazos que reman para cazar mis sombras

me has traído la espada que corta el aire sucio

ascendiendo mi vida al nivel de los héroes

que se permiten en ruinas amar sus crueles alas.

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