Sobre mi primer poemario

 

 

Mi ciudad interior de cicatrices,

el vientre infinito como un arco roto

en esos días que tu cuerpo es una barca

y sientes que podrías flotar en cualquier sitio.

 

Pronto me leerán,

y conectarán los vectores que hicieron de mi este saco.

Creerán que lo saben todo de mis fantasmas,

los juzgarán, los negarán, los pesarán

no sabrán donde está la línea que separa mi vida

de sus mentiras.

 

Romperán su cráneo si atisban un horizonte

donde mi realidad ya no les pertenece.

 

Quizá nunca lo sepan,

quizá me destierren a sujetar las patas de la mesa

o yo me haya vuelto demasiado extranjera

para suceder como un cuentacuentos

la niña que emergía sus poemas con un altavoz

en las reuniones de familia

queriendo pescar peces del vacío.

 

Será una dicha agridulce

el trueque,

mi oficio es ser poeta.

 

Alma a cambio de alguna chimenea

que me diga, lo contuviste,

ahí está, respirando loco

mi corazón enlatado en el verso

tan palpitante que da hasta grima.

 

Hay un salto abrupto

en todas mis voces.

Arde o vuela Bernarda Alba

pero siempre me lleva a casa.

 

 

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