Hasta el final del mundo

 

¿Podrás quererme cuando suene la cara B del alma

y mi voz sea proyección astral,

cuando me encuentres desnuda

y atrincherada de arrugas?

 

¿Podrás quererme cuando lo haya perdido todo?

 

Cuando pintarme los labios sea una utopía,

cuando te dé más miedo que me caiga

a que tiemblen las aceras a mi paso.

 

Cuando encoja mi tiempo y el pomo de la puerta sea muralla,

cuando las hazañas sean de andar por casa,

y necesite hacerlas queja y rompeolas.

 

¿Querrás entonces recoger mi deshecho cuerpo en el sofá

y hacer de él un jardín colgante

en el que plantar los cadáveres

de todas las mujeres que dejaste ir

para quedarte con esta vieja?

Y así

¿Podrás quererme cuando me vuelva loca?

 

Cuando el alzheimer siembre de napalm tu cortejo,

y te insulte, y te clave mis monstruos,

y te escupa mis dolores

y te vomite mi vida, poseída por el vacío

de la fisura de mis senos marchitos

¿Podrás quererme entonces?

 

Cuando este bar sea hebras de paja,

cuando amarme sea un circo o un zoológico

pero ya nunca una selva huracanada

donde piernas abiertas dentro de cubos de hielo,

y aún así el volcán reivindicando en nuestra pecera

el hechizo satánico de nuestro innegable deseo.

 

Cuando las comadronas de la herida nos entreguen

la blancura insípida de las sábanas en las espaldas que se adhieren

al compás conforme de los imanes en cuadrícula

y sólo se escuche la agonía de los últimos grillos amaneciendo.

 

Cuando se abran las mismas puertas del Infierno,

y sea la poesía mi única magia

y mi belleza te recuerde a la de un cíclope,

y mis gestos sean cucarachas y murciélagos.

 

Si es posible que puedas desbravarme y dejarme libre,

que puedas quererme así,

desheredada y desterrada de la vida,

entonces ven,

y cúbreme con tu manto egoísta de futuro,

creyéndonos inmortales y guerreros.

 

Sin embargo, mírame

y guarda en tu cabeza esta advertencia:

Si resulto ser un fraude, soy tan solo una idea.

Y esta idea del amor jamás podrá dejarte huérfano,

pues pervive con la fuerza que contiene la verdad

y estalla por los siglos en un vals sin fin,

donde nos sorprende siempre el cosmos

bien atados, en las mismas ramas desafiando la tormenta

y danzando alrededor del mandala de la Tierra.

 

 

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